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TÚNEZ: sabor mediterráneo y exotismo berebere

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TÚNEZ: sabor mediterráneo y exotismo berebere

Túnez combina el interés cultural de su pasado esplendor, el exotismo de sus medinas y zocos, la naturaleza dorada del desierto salpicada de verdes oasis, la artesanía de sus pueblos mediterráneos, con sol y lugares de ocio, ingredientes más que suficientes para convertirlo en un destino de interés turístico, por ello bajo el eslogan “Entre las dunas y el mar” ha sido elegido para celebrar el Encuentro Internacional de FEPET (Federación Española de Periodistas y escritores de Turismo).

Bañada por las aguas del Mediterráneo, Túnez ha sido un importante bastión a lo largo de la historia. En sus primeros compases sigue una evolución conjunta con el resto de países de África del Norte, pero la llegada de los fenicios, procedentes de Tiro, a finales del segundo milenio da un giro de 180º a lo que había sido una población de cazadores y pastores para establecer centros comerciales de primera magnitud, entre los que destacó Cartago, a la que la leyenda atribuye su fundación a la princesa Dido en el año 814 a.JC. En los siglos siguientes los cartagineses lograron alcanzar su supremacía sobre otras colonias fenicias y extendieron sus conquistas por el Mediterráneo occidental.

España no quedó fuera de esta ola expansionista y el general Amílcar Barca fundó la ciudad de Barcelona, su yerno Asdrúbal hizo lo propio con Cartago Nova (la actual Cartagena). Pero fue su hijo, Aníbal quien sobresalió entre todos ellos enfrentándose a la todopoderosa Roma. Tras varias victorias y hazañas, como atravesar los Pirineos y los Alpes con elefantes, llegó la derrota y el declive de la hegemonía cartaginesa. En 146 a.JC. los romanos vencieron en la batalla, pero lo que fue más determinante es que destruyeron completa y sistemáticamente la ciudad, borrando su gente y cultura, eliminando drásticamente a un adversario que tantos quebraderos de cabeza le había dado.

Pero el lugar era tan estratégicamente idóneo que un siglo después ya estaban levantando una colonia romana que se convirtió en capital de la provincia romana de África y continuó su prosperidad aunque con distintos señores, llegando a ser la segunda ciudad en importancia después de Roma. Con la decadencia del imperio y la llegada de los pueblos vándalos inicio una nueva etapa que finalizó con la llegada de los bereberes que propiciaron el dominio bizantino y desde entonces la antigua Cartago fue dominada por el Islam.

Escenario de la Octava Cruzada en la que resultaría muerto Luis IX de Francia, conquistado por el pirata Barbarroja, brevemente dominado por la España imperial de Carlos V, sometido por el imperio otomano, colonizado por Francia y ocupada por la Alemania nazi completan su historia.

En 1979 Cartago fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y aunque cada dueño y señor que la dominó destruyó en gran medida el poderío anterior, sus restos se pueden ver en el magnífico Museo del Bardo.

Muy cerca de Cartago está el bello pueblo costero de Sidi Bou Said, encaramado en lo alto de un cerro desde el que se divisa la inmensa bahía, uno de los paisajes más espectaculares de Túnez. Sus empinadas calles adoquinadas, sus casas inmaculadamente blancas con las puertas, ventanas y balcones de color azul, como obliga un ordenanza de 1920, son sus notas de identidad.

Sidi Bou Said es un remanso de paz que ha acogido a artistas como Paul Klee, André Gide o Guy de Maupassant, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, al tiempo que da la imagen de un alegre y colorido rincón mediterráneo.

Pero Túnez tiene muchos más atractivos. Situada en el Magreb ha sabido evolucionar con el tiempo dejando atrás países como Argelia y Libia, sus vecinos fronteros. Aunque su religión mayoritaria es la musulmana ha adoptado patrones europeos en sus formas y maneras y ello le ha servido para abrirse al mundo, sin perder sus señas de identidad.

A poco más de dos horas desde cualquier ciudad de la Europa mediterránea, la línea aérea estatal Tunisair sumerge al viajero en un mundo exótico.

Medinas, zocos, mezquitas, de todo hay en la caótica cotidianidad del mundo oriental y sobre todo el desierto. Un desierto de dunas más al sur que parece trasportar a otro tiempo y uno más rocoso y desconocido, tierra de bereberes, y escenario de alguna película de la serie de la Guerra de las Galaxias. Pero no hay que olvidar sus playas y lugares de recreo como los que podemos encontrar en la isla de Djerba, a la que llegó Ulises huyendo del canto de las sirenas y se prendó del lugar. La “Odisea” de Homero la describe como la isla de los lotófagos, en la que crecían unos extraños frutos con sabor a miel que se apoderaba de los que lo tomaban no dejándoles salir de allí. Ese es el mito de Djebra, la isla que conquista al viajero con su extraña belleza.

Hace ya tiempo Túnez invirtió en infraestructuras turísticas y hoy, por mor de las circunstancias, lo hace en seguridad; seguridad que se ve y seguridad que no se ve. El otro día, Abdellatif Haman, a la sazón Director General de Turismo comentaba humorísticamente que cuando acabase su actividad en el sector turístico comenzaría otra en seguridad, tal es su grado de especialización. Lo cierto es que, admitiendo que la seguridad total no existe, Túnez hoy ofrece seguridad dentro del mundo inseguro en que vivimos.

Una buena oferta gastronómica de tipo mediterráneo completa los atractivos de este país. A lo largo de toda la costa es posible degustar pescados y mariscos y también los productos de la tierra nos vienen a recordar que históricamente fue el granero de Roma.

Susana Ávila

Publicado el Abr 28 2017. Archivado bajo Actualidad, Asesores, Hosteleria, Lugares con duende. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0.

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