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Sánchez Dragó asiste al parto de su cuarto hijo en el salón de su casa

El diario El Mundo publica un interesante artículo firmado por el escritor Fernando Sánchez Dragó con motivo del nacimiento de su cuarto hijo. El bebé ha llegado al mundo en el salón de la casa del literato sin ginecólogo ni anestesia. La madre japonesa no quiso ni hacerse  ecografías, al menos, Dragó confiesa que desconocía el sexo de su hijo hasta que le vio el “pito”. Asimismo relata cómo fue el parto, el propio Dragó cortó el cordón umbilical. Para rematar, en el escrito le pide a su hijo que cuide de su madre cuando se quede huérfano de padre.

Resumen del artículo:

El niño se llamará Akela, como el lobo jefe de la manada de Seoonee que acogió a Mowgli

“Escribo atropellado. Apenas he dormido. El domingo 16 de septiembre, mientras José Tomás se encerraba con seis toros en el anfiteatro de Nimes, nació mi cuarto y último hijo. Hubiera preferido que lo hiciese en octubre para ser Libra, como su padre, pero no se manda en tales cosas.

Ignoraba yo, hasta que vino el mundo, si sería niño o niña, azul o rosa, como se decía antes. Salió varón. No lo supe hasta que le vi el pito. ¿Como antes? Pues sí, como antes, ya que mi mujer se empeñó en que naciera en casa, con comadrona y sin ginecólogo ni medicalización alguna.

Inicialmente me opuse, pero no hubo forma de disuadirla. Parece ser que esa antigua modalidad del parto se está poniendo de moda, sobre todo en los países nórdicos: Holanda, Suecia, Noruega… En Japón no sé. Una de cada tres madres holandesas, por lo visto, da a luz en su cama y la seguridad social corre con los gastos. Ya decía Azorín que vivir es ver volver. Corre, corre, y más pronto o más tarde reapareces en el punto de partida.

Todo salió bien, aunque la casa se llenó de enseres y de mujeres: seis llegué a contar, incluyendo a la parturienta y excluyendo a mi gata Damisela, que no perdió ripio. Un gineceo. Los tres gatos machos y yo, al principio, no sabíamos dónde meternos. Luego reaccioné, puse manos a la obra, me acomodé a dos palmos del ojo del tifón de los acontecimientos, encaré como José Tomás el hoyo de las agujas, seguí minuto a minuto el parto de frente y por derecho durante muchas horas, toqué la cabecita del niño en cuanto la tapa del cráneo apareció en el extremo de la vagina y corté su cordón umbilical con un puñalillo  que me facilitaron las parteras sin dañar las partes nobles del recién nacido.

Éste, por cierto, tira a japonés: nariz chata, ojos rasgados. Aún no sé si en su rabadilla se dibuja la mancha azul de los mongoles”.

(…) El niño se llamará Akela, como el lobo jefe de la manada de Seoonee que acogió a Mowgli. Esa palabra, en hindi, significa solitario, pero eso no le impedirá acudir al Consejo de la Roca, como lo hacía su homónimo, cuando las circunstancias lo exijan.

La madre, con su hijo.Era yo reticente a la llegada de un nuevo hijo. ¡A mi edad!, me decía… Ya no lo soy, ya no lo digo. La vida es plenitud hasta el mismo instante en que se acaba. Todo ha sido emocionante. Estoy muy contento y no quiero ocultarlo, sino proclamarlo, a riesgo de que los lectores piensen que chocheo y que no sea el lobo tan feroz como lo pinto. Quizá tengan razón”
Publicado el Sep 19 2012. Archivado bajo Actualidad, Gastrocotilleo, Hosteleria, Lugares con duende, Lujo en tiempos de crisis. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0.

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