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Mistela de café

Un antiguo proverbio turco, asegura que un buen café equivale a cuarenta años de amistad. Quizás sean un poco exagerados tantos años por un café, aunque hay alguno por ahí que merece que se le retire la palabra durante un tiempo, por lo mal que lo hace.
En el tema del café, existe un mundo de leyenda y todavía más de mito. No podía ser de otra manera cuando hablamos de una bebida de la que se consumen 500 millones de tazas y se ganan la vida con su elaboración, cultivo y venta, casi 20 millones más. Puestos a ser concretos, los habitantes de los países nórdicos son con diferencia los mayores consumidores del mundo y, especialmente los finlandeses los que más. Quien lo iba a pensar de gente tan fría… o quizás sea por eso, cualquiera sabe.

El chef Alberto Reina de Málaga escribe esta interesante historia con receta

 Orígenes inciertos
Los orígenes de tan popular bebida son inciertos y hay varias teorías que tienen más de leyenda que de hecho contrastado. La más manejada en ese terreno nos habla, según los historiadores, que el café comenzó su historia como tal en Arabia. Comenzó por casualidad, como siempre ocurre con estas cosas, cuando un pastor notó que sus ovejas daban saltos y estaban más nerviosas de lo normal y no sabía la causa. Observándolas largo tiempo, llegó a la conclusión que cuando comían unos granos de un arbusto era cuando les pasaba esto. Se armó de valor y los probó, pero al ser tan duros decidió hervirlos a ver que pasaba y, sin querer, hizo el primer café, que imagino que debía saber a rayos como mínimo.
Aunque ese primer cafetito debió ser una tortura de malo, notó que se despejaba y aguantaba sin dormir más de lo normal. Nuestro amigo pastor le contó esto a un amigo muy devoto que tenía un problema, pues se quedaba dormido leyendo sus oraciones en el Corán, y éste le pasó el truco sucesivamente a otros dando lugar al café en sí.

GRANO VIAJERO
Leyendas aparte, en lo que no hay duda es que el café es originario de Arabia y en las tierras cercanas al Mar Rojo donde se iniciaron sus cultivos alrededor del año 695 d.C., aunque no fue hasta el siglo XVI cuando reiniciaron los cultivos comerciales en la región de Yemen. Pese a sonar a leyenda, las primeras noticias del tostado y molienda del café se tuvieron gracias a Lawrence de Arabia y su “Tratado sobre maneras y costumbres de los árabes”, editado en 1717.
Para cualquier lector avispado, sonará extraño no haber leído una sola palabra del café y Sudamérica a esta altura del artículo, siendo a día de hoy el mayor productor mundial de este producto. Realmente, el hecho de que exista el cultivo de café en Latinoamérica, se debe a que Francia tuvo la feliz idea de trasladar un esqueje vivo de cafeto. Este traslado se hizo hasta la isla de Martinico y, ese solo plantón, dio lugar a toda la industria cafetal en Sudamérica llegando a producir la mitad de las cosechas mundiales entre Colombia y Brasil solamente.
MISTELA: MEZCLA EN LATIN.

Aunque el recetario no nos ofrece una gran oferta de ideas sobre la cocina del café, la receta de esta semana cuyo nombre singular puede distraer sobre su propia naturaleza, pues al leer la palabra mistela podemos pensar en algún tipo de vino dulce antes que de un licor con café, como es el caso. Obviamente, no van demasiado desencaminados quienes así pudiesen pensar, pues realmente estamos mezclando azúcar cuyo efecto es similar al de las uvas de mosto que sirven para hacer mistela, con alcohol que en este caso es aguardiente, lo que provoca que no fermente la mezcla o mezclilla, auténtico origen del término mistela, procedente del latín mixtella que viene a significar mezclilla. Esta receta es muy antigua y pertenece a la familia de mi buen amigo Paco Pascual, quien tuvo la gentileza de dármela de mano de su abuela, que es una autoridad en la cocina de la Sierra de Segura en Jaén. Gracias Paquito.

INGREDIENTES
Aguardiente 60º, 1 l. Azúcar ¾ Kg. 3 palos de canela,
125 g. de matalauva, 1 piel de naranja seca, 3 clavos de olor,
½ l. De café, granos de café, manzanilla en rama,
Agua 3 l.

En primer lugar, vamos a preparar una base a la que añadiremos finalmente el aguardiente, hirviendo como primer paso el agua con las especias. Para ello, dispondremos 3 l. de agua a hervir a que le añadiremos los palos de canela, la matalauva, una ramita de la manzanilla, los clavos de especia y la piel de naranja seca. Tras media hora de cocción colamos el agua y tostamos los ¾ de kilo de azúcar en una sartén sin grasa. Cuando haya caramelizado, se lo incorporamos al agua colada y volvemos a hervir unos minutos más hasta que el azúcar tostado se desprenda.
Completado el proceso de hervir el agua especiada con azúcar tostado, echamos ½ l. de café en ésta y dejamos enfriar a temperatura ambiente. Una vez frío, echamos el aguardiente, mezclando bien y dejando que enfríe totalmente antes de taparlo.
En caso de quedar un poco fuerte, podemos apartar mistela terminada en un cazo y añadirle azúcar. Calentamos un poco la mezcla para que se disuelva y se lo incorporamos a la mistela, rectificándola así de dulzor.
Espero que disfruten con la moderación que requiere tan rico licor.

Publicado el Jun 18 2012. Archivado bajo Actualidad, Recetas. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0.

1 Comentario por “Mistela de café”

  1. Con lo que me gusta el café y la mistela, tendré que proba esta receta para ver que tal….
    Habrá que ver como conseguir la manzanilla….

    Un saludo y gracias

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