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El chef Andrés Madrigal busca llegar al orgasmo culinario entre el placer de compartir mesa y alcoba

Soñar, cocinar, amar. Las tres responden a un mismo impulso…

y nos llevan al placer. Un placer que nos transporta de la mesa a la alcoba a través de sensaciones gustativas y nos dispone para el resto de los sentidos. Tal vez, es ese momento de sensaciones cuando pensamos que hemos comido un manjar, supuestamente dotado de un poder afrodisíaco y, de esta manera, potenciar mentalmente la líbido.

Es cierto que el deseo de amar se despierta, o se revivifica, tras una exquisita comida con la mejor compañía posible; pero no debemos caer en el error de pensar que todos los alimentos tienen esa virtud de potenciar, alargar o simplemente preparar nuestro estado físico para la siempre maravillosa batalla amorosa..

El domingo 12 de febrero, antes de San Valentinos, Andrés Madrigal informa que en su taller de Kitchen Club madrileño cocinarán los platos que le enamoraron de los grandes Chefs, fuguras como el maestro ¡¡¡Juan Mari Arzak !!! Ojo al dato y a la imagen que nos envía, toda una declaración para decir Feliz San Valentín.
La cocina, mejor dicho sus recetas, no tienen una edad definida. Tampoco entienden de sexos; sí es para grandes o pequeños. Al descubrir el fuego el arte de cocinar se proyecta hacia el futuro. Un futuro prometedor que muchas veces nos devuelve al pasado. Es en ese momento del fuego cuando se nos hace comprender silenciosamente todo lo que rodea el arte de cocinar. Un arte que nos hace viajar mentalmente a los urbano, lo rural, lo exótico y lo erótico. Un arte que nos provoca, nos anima. Nos hace convivir con el estado del cociner@. Es entonces cuando lo no visible se queda reflejado en el plato, creando un fenómeno lleno de imagines plenas de identidad, con rasgos, con palabras y con figuras. Al cocinar invadimos la intimidad de las personas que van a degustar toda las sensibilidad del cociner@. Podemos notar, sentir, palpar, oler, y oír su tristeza y su alegría. Todos los sentidos en su solo bocado. Es maravilloso!.

Cocinar es como un beso fugaz, Nos hace pensar. Nos alienta a continuar provocando nuevas sensaciones y nuevas experiencias. El cocinar, como el amar, puede perder toda su magia, su atractivo, su encanto y su seducción cuando se vuelve mecánico; cuando se convierte en una vulgaridad, trivial, habitual u obsesivo. Estos placeres buscan aspectos emocionales , románticos, imaginarios…

La alquimia de las recetas se hace fundamental en un espacio lleno de fantasías eróticas. Un mundo de texturas y de sutiles transformaciones. Nos alimentamos con aventuras llenas de situaciones excitantes; inyectando a nuestro paladar calor, frío, pasión y sensualidad; llegando a confundir la cocina con amores inalcanzables. El placer de cocinar no avanza con la monotonía. Busca un espacio entre el roce y la distancia. Entre las miradas perdidas y el silencio ocasional. Entre labios entreabiertos, la lengua recogiendo saliva, proyectando pensamientos hacia los labios ajenos. Buscamos el placer entre la comida y la alcoba. Entre miradas, risas, lágrima y escenas imaginarias.

Viajamos a través del “Tiempo Perdido”, observando fantasías y sueños que jamás podemos rebatir.

¿Qué diferencia hay entre la madurez y la inocencia de dos personas cuando se aman; entre el verdadero amor y el amor por descubrir; entre el beso perdido que dice más que mil palabras?. No importa el “cuanto te amo” sino el “como te amo”. No importa que cocinamos, sino por qué y para quien cocinamos.

Todas estas sensaciones se pueden concretar en una receta. Y Por qué no compartir esa receta?. Reír mientras se crea. Ser fruta prohibida, inocente y a la vez madura, aterciopelada, fresca. Ser ambrosía o manzana. Ser mesa o mantel. Ser amad@ o amante. Ser verbo el verbo amar y cocinar compartido. Buscar la embriaguez de los aromas, de las texturas, del pecado y de la traición, para un único final: desear intensamente un plato más de amor.

Tener la templanza de la madurez y la intranquilidad de la inocencia. Ser un instante único, sin que se evapora como el café instantáneo.

Llegar al orgasmo culinario entre el placer de compartir mesa y alcoba.

Feliz día San Valentin@s!!!!

Sed curiosos. Besos y sus cosas. Os desea Andrés Madrigal

El chef de maestros también se acuerda de los más necesitados:

Ni todos somos iguales ni todos tenemos las mismas oportunidades, manifiesta Madrigal

A veces la experiencia de lo vivido nos  confiere la posibilidad de cambiar la mirada, de conocer, hallar diferentes  formas  de desarrollarse como personas.  Madrigal nos remite a la instituciónn  AVAPACE, entidad sin ánimo de lucro, dedicada a la atención integral de afectados de parálisis cerebral u otras encefalopatías  afines.

Las   personas con parálisis cerebral   viven  con otras necesidades, nos muestran otra realidad, cuerpos  libres de cánones de belleza impuestos nos hacen  entender que  la grandeza del cuerpo es otra,  la voluntad reside en vivir, en superarse y quizás en lograr transmitir sin pretenderlo  lo básico de la vida,  las infinitas posibilidades que el cuerpo y la mente ofrecen,  con lo que hay ….. disfrutar,  amar,  comprender el mundo  desde el respeto y entender que todos somos esenciales.

“Así viví mi experiencia con ellos en una clase magistral; ell@s fueron los que me dieron la clase. Un día-tarde-noche repleto de belleza casi estática y a la vez salvajemente emocional”, comenta Madrigal.

Publicado el Feb 9 2012. Archivado bajo Actualidad, Hosteleria, Sabores Afrodisíacos. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0.

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